Si quieres puedes, pero hay que querer.

El proceso

Un camino honesto hacia la recuperación y el autoconocimiento

  • La recuperación no fue magia ni un gesto heroico, sino trabajo diario, recaídas emocionales y aprender a vivir conmigo mismo sin anestesia.

✨ El proceso

Mi recuperación no fue una línea ascendente ni una historia épica.
Fue un camino irregular, lleno de golpes, tirones internos, noches sin aire y días en los que simplemente estar en pie ya era suficiente.

Y antes de seguir quiero dejar algo claro:
yo jamás he tenido la más mínima tentación de beber. Nunca.
Esa puerta está cerrada para siempre.
Lo que vino después no tenía nada que ver con eso, sino con todo lo que estaba debajo.

🌿 Cuando la anestesia desaparece

Al dejar atrás lo que durante años había adormecido mis emociones, todo se despertó de golpe:
emociones sin filtro, impulsos repentinos, rabia sin dirección, miedo a que me dejaran, miedo a estar solo.
No era nostalgia de una sustancia.
Era necesidad de alivio.
De silencio.
De descanso interno.

Ahí empiezan los parches que usa cualquiera cuando no sabe qué hacer con su propio ruido:
las compras impulsivas, el dulce, los pequeños escapes cotidianos.
No buscaba apagarme: buscaba sobrevivir al volumen.

🌱 Aprender a sostenerse

Los ataques de ansiedad eran otra batalla:
esa sensación de que el mundo se estrecha, de que el pecho no da, de que todo se viene encima.

Tuve que aprender a quedarme quieto cuando mi cuerpo pedía correr.
A respirar aunque la cabeza quisiera adelantarse cien pasos.
A sostener sin romperme.

A veces salía bien.
A veces acababa vacío.
Pero seguía.

✨ Encontrarme conmigo

La soledad profunda fue quizá lo más duro.
No la de estar solo en una habitación, sino la de estar contigo mismo sin armaduras, sin ruido, sin distracciones.

Ahí empieza el verdadero autodescubrimiento:
mirarte sin filtros, sin defensas, sin mentiras.
Ver las heridas antiguas, los miedos viejos, los vacíos que evitaste toda la vida.

Duele.
Pero lo real libera.

💛 La red que me sostuvo

Mi proceso no lo hice solo.
Lo sostuvieron:

● más de ciento cincuenta consultas de psiquiatría,
● más de ciento cincuenta sesiones de psicología individual,
● casi cien terapias grupales en el centro de salud,
● profesionales clave que no tuvieron miedo de decirme la verdad,
● espacios como el CRL donde entendí que mis límites existían y que no tenía que ser indestructible.

Nada ha sido perfecto.
Nada ha sido rápido.
Pero ha sido profundamente auténtico.

🌼 La reconstrucción

Me reconstruí a base de paciencia, torpeza y respiraciones que parecían imposibles.
Aprendí a contener impulsos sin castigarme.
A soportar silencios que antes me rompían.
A estar conmigo sin huir.

Y sigo aquí.
No por fuerza, ni por heroísmo.
Estoy aquí porque esta vez he decidido no abandonarme.

☀️ Y, sobre todo, por Lobo

En medio de todo el proceso, él fue el faro.
Mientras yo cambiaba, él crecía.
Y yo entendí que necesitaba un padre presente, firme, estable.
No perfecto, no idealizado.
Real.

Un padre que no desaparece.
Un padre que se reconstruye delante de su hijo.
Un padre que puede caerse, pero siempre vuelve a levantarse.

Porque Lobo merece eso:
un padre que decide vivir.
Uno que elige reconstruirse.
Uno que aprende a cuidarse para poder cuidarlo a él mejor..

🌟 Paco, una leyenda silenciosa

No sé a cuánta gente como yo habrá salvado Paco, pero quizá fueran centenas.
Más de doce años al frente de ARVIL dan para tocar muchas vidas.
Y él las tocó.​

No era solo un presidente.
Era una presencia.
Un hombre que no necesitaba hacerse notar para que todos lo sintieran.
Alguien que entendía el dolor sin juzgarlo, que reconocía las heridas sin pedir explicaciones y que acompañaba sin ruido.
En nuestro mundo, eso es casi un milagro cotidiano.​

Paco fue un sostén para muchos, un refugio para otros y una brújula para quienes llegábamos completamente perdidos.
Tenía esa capacidad rara de abrazarte y que, durante un instante, el caos bajara el volumen.
Eso no se aprende.
Eso se es.

Su legado no está en cargos ni documentos.
Está en cada persona que salió un poco más viva de ARVIL gracias a él,
en cada historia recompuesta,
en cada mano que sostuvo cuando a nadie más le quedaban fuerzas.​

Paco era una leyenda.
De las de verdad.
De las que no salen en los periódicos
, pero dejan huella en la vida real.
Y aunque ya no esté, muchos seguimos caminando con un trozo de él dentro.
Yo también.

🌿 Su forma de cuidar

Cada mañana —y probablemente también muchas noches— Paco enviaba un mensaje de WhatsApp.
¿A todos?
¿A los más cercanos?
¿A quienes él intuía que necesitaban una señal?
No lo sé.
Conocí a otros que también los recibían.
Pero era diario.
Nunca fallaba.

Al principio parecían mensajes simples, rutinarios.
Hasta que entendí que no eran solo mensajes:
eran su manera de comprobar que seguíamos ahí,
que contestábamos,
que estábamos bien,
que nada malo nos había pasado.

Ese gesto tan pequeño era, en realidad, inmenso.

Paco llevaba años sin consumir absolutamente nada. Solo agua.
Y, aun así, dedicaba su vida entera a quienes todavía estaban luchando.​
Era entrega absoluta.
Una vocación real de cuidar a quienes habían pasado por el infierno del alcoholismo y por el desorden emocional que muchas veces lo acompaña.​

Su vida estaba dedicada a eso:
a que otros no se perdieran,
a que nadie volviera a caer solo,
a que siempre hubiera una mano al otro lado del teléfono.

Era, de verdad, un ejemplo de lo que significa vivir para hacer el bien.

✨ La estela de quienes ayudan

Y no era solo él.
También estaban todos esos profesionales que van millones de años luz más allá de lo que exige su trabajo:
Sanitarios, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, enfermeras y enfermeros.​

Personas que cada día dan infinitamente más de lo que figura en su contrato, que trabajan a diario de forma humana, acompañando a personas con problemas de salud mental y adicciones.​
Gente con corazones que no les caben en el pecho.
Que escucha, sostiene y comprende de verdad.
Personas que establecen vínculos auténticos, leales, humanos…
mucho más allá de cualquier obligación formal.

Yo tengo a mis tres ángeles de la guarda: Jose Ramón, Jesús y María.
Sin ellos mi vida estaría rota a pedazos.
No puedo agradecerles lo suficiente su profesionalidad y su cariño.​

Gracias a ellos, a su forma de estar y de acompañar, nació en mí una voluntad clara:
seguir ese camino.
Continuar la estela de Paco y de todos los que forman parte de este esfuerzo silencioso.​

De ahí surge la idea de crear esta asociación sin ánimo de lucro:
un espacio para devolver lo recibido
y para acompañar a otros como una vez me acompañaron a mí.

Aviso importante
La información de esta web es de carácter divulgativo y se basa en mi experiencia personal y en recursos de referencia. No sustituye en ningún caso la evaluación ni el tratamiento de profesionales de la salud mental (psicología, psiquiatría, medicina).
Esta página trata temas sensibles relacionados con salud mental, trauma, adicciones y experiencias personales intensas. Su contenido no está dirigido a menores de 18 años y puede resultar impactante o desencadenante para algunas personas.
Si te encuentras en una situación de urgencia o crisis emocional, contacta de inmediato con los servicios de emergencia de tu zona. En España, el número es 112.
Si necesitas orientarte o compartir cómo estás viviendo el TLP y crees que este espacio puede ayudarte, puedes escribirme a:
📧 ayuda@vivircontlp.com​​

· Aviso legal · Política de privacidad Política de cookies